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Propinas ¿si o no?

Ayer paseando por el siempre precioso barrio de Santa Cruz en Sevilla decidí junto a dos amigos parar a tomar una cerveza bien tirada y fresquita en un conocido bar de la capital andaluza. La verdad es que una ciudad como Sevilla, haga el tiempo que haga, siempre te invita a callejear, a conocer nuevos bares y hablar con sus gentes (¿se nota que estoy enamorado de esa ciudad?).

Visto en EagerEyes Flickr

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El caso es que me estuve fijando en las propinas más que generosas que nuestros “vecinos” de mesa dejaban en el platillo. Por su pelo rubio y su piel blanca como la leche, era evidente que serían de cualquier país donde no da mucho el sol al Norte de Europa. La (a mi opinión) desmesurada generosidad del grupo de extranjeros hacia el camarero me trajo a la cabeza un tema que prestamos no mucha atención y que tiene su miga: las propinas.

¿Pueden llegar a influir las propinas en nuestra economía doméstica? ¿Tendrá razón la frase que dijo el Ministro de Economía acerca de que todavía no habíamos interiorizado el euro?

La gente se toma dos cafés y deja de propina un euro - Pedro Solbes, Ministro de Economía de España

Personalmente casi nunca he dejado propina a nadie a no ser que me obliguen (en algún que otro país las propinas van incluidas en el servicio). No creo en ellas y lo afirmo con rotundidad, pero ojo, no por que crea que puede llegar a influir en nuestra economía doméstica (que no lo creo).

Puede que en el fondo el concepto de propina como “un plus” a un trabajo poco remunerado sea aceptable, pero en mi opinión es también pueden considerarse como limosnas. No comparto el slogan que usan muchos, aquello de que “están haciendo su trabajo, y por ello no les tengo que pagar más“, más bien no dejo dinero porque me siento incómodo, me parece un acto algo denigrante para el que la recibe.  Ojo, tampoco me malinterpretéis, no creo que el que de propinas por costumbre lo haga por sentirse superior durante unos segundos, sino que el que lo hace es a modo de “recompensa” por el buen servicio prestado.

Hay quienes afirman que la cultura de la propina “de buena educación” fue importada desde países anglosajones (más concretamente EEUU y Canadá) donde los sueldos de los camareros eran (son) más bajos que la media. Hoy en día dudo mucho de que los sueldos del los camareros (por ejemplo) sean todavía tan bajos como eran antes, además, como dice el aforismo chino “Si tienes un amigo regálale un pez, pero si de verdad lo aprecias, enséñale a pescar“. Es decir, si suponemos que el trabajo el cual merece una propina lo desempeña un gremio que tiene unos salarios bajos, ¿qué es mejor, darles propinas y que eso se vea reflejado en su sueldo (unas semanas más, otras menos…)? ¿o no dar para que reivindiquen y hagan presión para ver ese “plus” reflejado en su sueldo mensual neto?

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